A lo largo de mi vida

 

 

A lo largo de mi vida, donde el martes 13 de septiembre cumplí 61 años, decía que pocas cosas me conmovían.

He visto muchas tragedias, muchas alegrías, muchos miedos, muchas angustias, mucha realidad, muchas injusticias, mucho dolor, muchas hipocresías, muchas mentiras, mucho honor, mucha dignidad, mucho amor, en fin; seguramente la vida me ha permitido ver de todo y aceptarla como es. Con toda seguridad a lo largo de este tiempo, el miedo a la realidad que no podemos cambiar y que con frustración vemos que solamente sirve para que los oportunistas, los políticos, los demagogos, los hipócritas, los santurrones jueguen con la misma y en la mani-pulación se sirvan de la misma, solamente para proteger sus intereses y no para servir a los que deben, nos cegó de alguna manera. Por ello, en días pasados, en una charla que no venía al caso, conocí a Ramón Jiménez-Cuen, RAME, que me regaló una nueva visión de esa realidad que no veía, en un libro de fotografías y de textos: “CarnalEs bajo el Puente”, donde además de esa realidad llevada en la conciencia, en el dolor, en la solidaridad de los carnales, Carlos Aranda Márquez, escribe: “México tiene 60 millones de personas que viven debajo de la línea de pobreza y visto en abstracto es muy difícil imaginarnos cómo hemos podido sobrevivir toda la sociedad con la conciencia tranquila…”. “La otra dura circunstancia es cómo tratar con los condenados de la tierra. No tenemos la cordialidad cristiana de lidiar con nuestro prójimo y ni mucho menos tenemos ganas de hablar con los desposeídos, de entender al otro, sea cual fuere su condición personal”. “Ramón Jiménez Cuen, mejor conocido por su nombre de batalla, RAME, ha documentado la vida de los Carnales bajo el puente en una obra fotográfica que cuenta con una larga y fructífera tradición en nuestro país: Desde la Visión de los Vencidos hasta Héctor García, hemos marchado haciendo el recuento de los daños” y es por ello que “Nadie baja voluntariamente al infierno dos veces”, salvo aquellos que tienen el valor y la visión para plasmar esa realidad que no demanda lástima ni compasión, sino justicia y, por desgracia, no sabemos cómo llevarla bajo el puente o en la calle, donde los carnales están y son el espejo que nos debe reflejar los rostros avergonzados de muchos de los que vemos esa realidad y por ello… lloramos. A las cuatro de la mañana, antes de hacer mi meditación y mi oración, el libro me llamó, veía los rostros que son nuestros rostros, la angustia, el desamor y el amor, la solidaridad y la marginación, el dolor y la paz, muchos sentimientos encontrados y en este día en el que nací, también, con este libro impactante me despertaba a la vida a los 61 años y las lágrimas rodaron por mis mejillas y lloré y lloré… la impotencia de no hacer nada… Podríamos afirmar también: “Ven y mira, y las atrocidades dejarán hondas sus huellas porque esas miradas no exigen nuestra compasión, sino justicia” y por ello, cuando volvemos a hojear cada página de este libro: “CarnalEs bajo el puente” coincido en lo que dice: “.. RAME no glamouriza, a sus amigos… no intenta juzgar o crear falsas expectativas de esos NIÑOS DE LA CALLE. Su vida transcurre entre la búsqueda del sustento, el amor, la solidaridad y la VIOLENCIA para defen-der el territorio. Los niños de la calle recobran una voz que Rame les otorga al mostrarlos tal cual, sin efectos especiales ni falsos paternalismo de REDENCIÓN. Carnales bajo el puente es un trabajo valiente para mostrar una realidad oaxaqueña que todos hemos soslayado, Rame al igual que los documentalistas hebreos después del Holocausto, que tuvieron que retratar entre lágrimas a los supervivientes, lo único que nos pide es: Ven y mira y las atrocidades dejarán sus huellas…”. Y dejando los miedos, abandonando la cómoda posición de “observador”, me reinvento y salgo a la vida, gracias a ese ojo humano, muy certero, como de águila y de búho, como de Nagual, dejamos la magia oaxaqueña y vemos esa realidad, la que todos debemos ver para despertar la solidaridad que hemos dejado en los discursos, en las promesas y la palabrería de rezos y de golpes de pecho en las Iglesias. Debemos llorar para limpiar ese espejo del alma y de las buenas conciencias. La tragedia es mayor, como el de “Los condenados de la Tierra” de los que nos habló Fanon y nos motivó a dejar los viejos vestidos para buscar lo imposible bajo la consigna de que hay que hacer el amor y amar y no la guerra. Pero la guerra ahí está, bajo el puente de Oaxaca y de todas las ciudades, si no lo vemos es porque casi estamos muertos, ciegos… y queremos la vida, la vida con amor.