El andar de Yampolsky en Oaxaca

 

 

 

  Nos atrevemos e empujones pretender entender un nuevo orden global impulsados por una economía que debate constantemente en extirpar nuestro origen y cambiar nuestro modo de pensamiento, la otredad que pareciera, por momentos, dignificarnos. Una filosofía que cuestiona la naturaleza y existencia de los utensilios, en su etapa más artesanal, la más humana en la evolución de nuestro tiempo, y reemplazarla por nuevas políticas económicas. Entre estos múltiples objetos que marcaron modos de producción como lo es la oz, el machete y el molcajete apenas se inserta la cámara fotográfica junto con un estetoscopio y una máquina de escribir.

Es aquí en donde la fotografía reclama nuevos planteamientos desde hace más de una década. Sus dimensiones físicas, mentales y descriptivas han cambiado. El formato no es mismo, tampoco lo es su soporte físico, ni mucho menos la forma de aprehender imágenes. Nuevas fronteras redefinen la circunstancia de la imagen, nuevas búsquedas. Las fotografías en su formato físico se convierten en objetos que sobreviven a un tiempo en que los fotógrafos amenazan en convertirse en esculturas vivientes al igual que una rollei o una leica m6

El fotoperiodismo se convierte en una especie de fotografía de ilustración en dónde la cámara ha dejado de ser útil para ser reemplazada por un artista gráfico de prensa. Aquel que revela una imagen perfecta para un consumo de medios ideal. Una imagen sin derechos de autor, una base de datos que busca articular un mensaje. Ejercicios visuales para ilustrar una no realidad, un buen invento, un mensaje determinado.

Fred Ritchin

 

El futuro electrónico inevitablemente atenta contra la integridad de las imágenes fotográficas bajo un falso prejuicio clasista y un paso lento a delimitar nuevas fronteras en el campo del imaginario visual. Sabemos que desde el principio media (entendida como el medio de captura visual sea el formato o contexto histórico en el que se desarrolle) ha orientado y alienado múltiples mensajes y contenidos a partir de las bases económicas y circunstancias políticas. El pasado, el presente y el futuro se convierten en una simulación basada en eventos manipulados, una novela, hyper reality (hiperrealidad)

"Pienso que es muy importante que asumamos que las imágenes no representan la realidad. Tan pronto como este mito sea destruido y olvidado, mejor para la sociedad."

Pedro Meyer

La fascinación por lo otro deja entreverse claramente en las palabras publicadas por Carole Naggar y Fred Ritchin en el libro que co-editan titulado “México a través de ojos extranjeros”. El andar del extraño en tierras mexicanas, fascinado por el paisajismo exótico y primitivo, sigue siendo una fascinación de contenido. Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Harry Callahan, Andre Kertesz, Helen Levitt, Tina Modotti, Eliot Porter, Aaron Siskind, Paul Strand, Edward Weston, son apenas algunos de los precursores. A ellos se unen hoy día Sebastian Salgado, García Alix, Mary Ellen Mark, Joan Liftin, Ernesto Bazan y más quiénes han tenido una particular estancia en el estado de Oaxaca. Sin embargo, ninguno de ellos se sobrepone a la historia y captura con tal compromiso y melancolía una mexicaneidad casi perdida. Mariana no fue la extraña, se hizo cautiva. Su Mirada fue México, propia nómada en su tierra.

“Cuando una imagen no logra sobreponerse al presente esta irremediablemente condenada a olvidarse”. W. Benjamín.

Es así como Mariana se incrusta en la memoria visual de un México que nos define a todos y con cierta pretensión a dignificarnos.

La imagino efusiva e imparable llegando a la ciudad de México a sus apenas 19 años de edad, deambular por “La Esmeralda” y por dieciséis años más entregarse al Taller de Gráfica Popular al lado de Leopoldo Méndez, Pablo O'Higgins, Alfredo Zalce, Alberto Beltrán, hasta que la corriente anti nazi-fascista se vio diseminada en nuevos formatos de pensamiento y acción ; combatiente y con un enorme sentido de comunidad siempre en busca de una justica social imparable en su andar. Brillo en sus ojos, modesta y lustre, educada en forma y pensamiento encontró un espejo de expresión a través del lente de una cámara fotográfica, una necesidad imperante de reconocer “lo olvidado”, seguir grabando aquello que permanecía indeleble y veía desvanecerse poco a poco bajo la amenaza continua de una frase constante y repetitiva sexenio tras sexenio en diferentes reacomodos “paz y progreso social”. Memoria visual no fechada de una mirada futurista y radical que se adelanto a la pérdida, una documentación casi fúnebre , con vehemencia y respeto por los que serían y son desplazados al borde de la frontera, la raíz inmediata del México más presente, la miseria.

 

Caminando ajena entre la familiaridad de lo desconocido; un nuevo hogar fantástico que la remontaba a la cuna de ébano hecha por el talento escultórico del padre. Una búsqueda al interior de su infancia en las afueras de finca de Crystal Lake, Chicago Illinois, que la transportó por los rincones inmaculados de un México a granel y hoy, casi lapidario. Confrontando su búsqueda étnica con exquisita documentación sociológica y etnográfica emocional Yampolski decidió vivir feliz por la izquierda, a pleno gozo y regazo, apropió la cámara fotográfica como sus padres lo hicieron con ella, hija única. Llaneza de un infinito imaginario visual que asumió como su hogar, su familia mazahue y su casa vernácula de cajón en las costas de Oaxaca rodeada de adobe y otate.

Bajo cielos negros revelados de un azul intenso y blancas nubes contrastadas, entre huajes, nopales y carrizos deambuló un Oaxaca oculto, sin calles, que reveló sin desacato y enorme contemplación con un técnica que captura cada detalle en una escala de grises hoy casi inalcanzable. En sus primeros viajes fue Alberto Beltrán su mejor interlocutor y Pereda, su primer esposo, un digno acompañante.

En una etapa de madurez recatada buscó reinterpretar la vida a través de la naturaleza. Habló con el maguey y discutió con los manglares de la costa chica, mixteca de la costa oaxaqueña.

Oaxaca fue siempre una referencia de formas místicas y diálogos naturales renuentes a la muerte, una forma de resistencia que tranquilizaba el pensamiento de Mariana al igual que asumía con cierta tristeza, respeto y devoción. Camino Valles Centrales, zonas triquis y Costas Oaxaqueñas atendiendo con peculiar gesto a la mujer y sus huipiles, sus casas, sus hijos y sus labores.

Documento objetos vivos que hoy descansan afortunados en algún libro o museo. Guardo para todos nosotros un tesoro de momentos que pocos han logrado capturar con tal vehemencia y solemnidad, sin allanamiento.

"Con Alberto Beltrán fui caminando hacia el sur hasta la Costa Chica en Oaxaca. Hicimos cuatro días a pie. Dormíamos donde se podía. En algunos pueblos había que pedir que nos permitieran entrar a pasar la noche y dormir en el piso. La gente muy cariñosa y dispuesta -tal vez por vernos jóvenes, yo con mi cámara- nos abría la puerta de su casa y nos daba de comer. La forma tan generosa de los campesinos de recibirnos influyó en mi actitud hacia los demás seres humanos".

Einseinstein en el capítulo istmeño de su film “Viva México” 1931, marco una sutil y bella entrada a la revelación de varios de sus colegas que impera hasta la actualidad. Sin embargo, Mariana lo jugó a su modo con un enorme sentido social y de equidad sin adoración por lo impropio, extraño y salvaje. Así recorrió otro Juchitán, un viaje sin ultrajes ni imágenes souvenirs. Acogida en estética intelectual por Lola Álvarez Bravo, Weston y Bresson, Mariana se negó aún así al surrealismo para buscar formas más clásicas y casi barrocas.

Una mezcla de formas y espacios vacíos casi abstractos que impregnan a cada una de sus imágenes de una fuerza vital única y distinguida. Tal es el caso de la fotografía de las canoas en la laguna de Manialtepec, Oaxaca, además de muchas otras que elogian la evolución arquitectónica en nuestro país.

“El paisaje es el escenario por donde transita la vida de un país; guarda memoria de sus antiguos pasos y es el sostén del presente”    MONICA LAVÍN.

Así Mariana nos regala un sostén a nuestro pasado que revive y muere en las nuevas generaciones y enraíza quizá como un Huanacastle en terreno árido difícil de florecer. Un recuerdo de pobreza, carencia e indignación.

El límite es el verdadero protagonista del espacio. CHILLIDA

Mariana desapareció fronteras, salió de casa para crear nuevos límites de un México que nos seguirá guiando con su pasado hacia nuevas formas de reinterpretación. Casi extranjeros en nuestras propias tierras Mariana muestra su arrebato al mexicanismo desde el primer día que pisa nuestro país. Negada a su pasado judío y artístico, legado de su tío abuelo Boas, fundador de la corriente etnográfica. Yampolski se revela como buena adolescente y se propone a sí misma hasta cultivarse lustre, modesta y en profunda paz con lo que expresa y nos enseña.